Hace casi un año que no aparezco en tu bandeja de entrada de esta manera. Quizás no te diste cuenta, quizás sentiste la falta de invitaciones insistentes como un alivio, o quizás estabas esperando el recordatorio de que de este lado del mundo hay alguien (yo) que coordina un espacio (Todo Nuestro) que cree que escritor es quien escribe, y todos podemos darle espacio a esa historia que llevamos adentro.
Si bien durante estos meses estuve escribiendo, es verdad que no me sentí ni una sola vez a darle palabras a mis creencias con respecto a la escritura, esas que suelo reservar para este newsletter. Meses enteros sin dar empujones, sin pensar en cómo motivar a otros a que se animen a escribir sin miedo, sin extender mis lecciones sobre la creatividad a aquellos que las aprecian.
Honestamente, estaba necesitando el descanso. Necesitaba alejarme de estas ideas para cuestionarlas, digerirlas y volver cuando tuviera algo importante que compartir. Por eso, acá estoy. Como siempre, no traigo fórmulas mágicas en las que no creo, ni prometo resultados, pero sí te ofrezco experiencias honestas que, ojalá, inspiren las tuyas.
¿Cómo supe que era el momento de volver?
📌 Las manos me lo pedían, literalmente. Empecé a notar que mis movimientos eran demasiado frenéticos, que estaba todo el tiempo buscando algo que hacer con las manos, y nada me alcanzaba. La escritura no es la práctica más manual de todas, pero sí alcanza para cansar esa parte del cuerpo que a veces pide a gritos un alivio y un escape.
📌 Las ideas se volvieron insistentes. No del todo claras, tampoco concretas, pero sí recurrentes. Me encontré dando vueltas alrededor de todo lo que pienso sobre la escritura, y extrañando esos momentos en los que tenía un canal en el cual expresarme. No alcanza con tener con quien conversar. A veces, el mejor oyente es la hoja.
📌 Incluso con sueño, me costaba dormir. Durante estos meses necesité el descanso, el espacio, el no tener que pensar en esta parte de mi vida, pero demasiado ocio se volvió perjudicial. Mi cabeza, una vez descansada, empezó a pedirme que la usara para algo, y se negó a apagarse hasta que le diera la chance de volver al ruedo. Estas palabras, por ejemplo, fueron escritas a la una de la mañana. No sé si le sirven a alguien, pero yo necesito poder sacarlas hacia afuera para combatir mi insomnio.